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¡Más dulce que el azúcar!

La noticia llegó casi sin esperarla, mi hijo y su esposa habían planeado una salida y querían saber si nuestra nieta podía quedar con nosotros el fin de semana. Por cierto que la respuesta no se hizo esperar y la llegada de Claudia a tempranas horas de la mañana fue triunfal.
Cada vez que lo hace es un acontecimiento,  arriba a nuestra casa sabiendo que todo el amor del mundo la está esperando apenas atraviesa la puerta. Quizás para mal enseñarla un poquito en muchos aspectos.
¡Parece mentira como la función de abuelos difiere de la de padres!
Cosas que no le permitíamos a los hijos, ahora las autorizamos y hasta las compartimos con los nietos.

Nuestra propia salida había estado espectacular, regresamos tarde entonces nuestra hija y su marido decidieron pernoctar en nuestra casa, esa idea nos había parecido ideal y nos llenó de alegría. El estar en contacto con los hijos es el acercamiento vital y deseado por los padres. Ahora si estaba completa la felicidad, toda la familia reunida, compartiendo,  no solamente un desayuno grandote sino también algunas piruetas en el colchón que habíamos tendido en el suelo del comedor y que aún estaba ahí de la noche que fugazmente se había ido. Después de un par de horas se marcharon a sus vidas,  quedando nosotros con la más pequeña de la familia.

Ahí realmente es cuando comienza la historia  y quiero hacer notar el tremendo vínculo afectivo en la unión de esta hermosa niña y su abuela. Desde el momento que llega, mi esposa es su brújula, su sol, su guía. Están siempre en complicidad,  andan abrazadas como si fueran a perderse una de la otra, parece que  desean fundirse en una sola. Necesitan acariciarce, mirarse o  tocarse sin casi darse cuenta, es tan fuerte esa conexión que yo simplemente las miro con envidia, con sana envidia. Las charlas son entre ellas dos solamente, yo soy el niño de los mandados y claudico ante ese par de hermosas mujeres obedeciéndolas como si fuera un domesticado cachorro.

Creo que no podrían ser más iguales, juegan, dibujan, pintan, se ríen, disfrutan cada momento el amor que ambas se tienen. Por supuesto que comparten la misma pasión por la cocina, es realmente increíble, una en edad madura, la otra con cinco años. Pero las dos se deleitan con las aromas y exquisiteces del arte culinario. Una lo hace profesionalmente, la pequeña va por el mismo camino. Quizás la meta de Claudia entre otras cosas sea un gorro blanco; la mayor ya lo tiene, la pequeña está en carrera.
Lo primero que hacen es planear el día. Van a la cocina y no importa cual sea el menú elegido, pueden ser ñoquis, alguna torta o simplemente galletitas de azúcar.

La elección de esta vez habían sido éstas últimas con forma de animalitos. Al rato de haber comenzado la tarea el piso queda con un manto blanco como el que vemos a través de la ventana en esas mañanas frías de invierno después de la nevada.  Para un viejo fotógrafo es hermoso resaltar en la blancura del suelo las huellas de pies descalzos de niño
Claro está que se imaginan quien es el que tiene que mantener el piso limpio,  el que abandona lo que esta haciendo y presentarse a la mínima demanda de las cocineras, ahí aparezco yo refunfuñando. No tienen piedad, prefiero el lápiz pero lo tuve que cambiar por la escoba. … es así hay que colaborar y el pedido de ayuda viene acompañado con las más bonitas de las sonrisas que amanecen en labios de esas dos bellezas.
¡Derriten a cualquiera!
Al ratito nomás se empiezan a ver dibujadas en el mostrador las más feroces fieras oriundas de todas las selvas y llanuras del mundo, la diferencia con las de verdad es que estos exóticos animales no fueron cazados con dolor por malditos furtivos sino moldeados por dedos grandes y chiquitos. En lugar de arrancarle las pieles, esas cuatro manos los cubren amorosamente con azúcar para que no dejen escapar lamentos; sino destellos tan brillantes como los ojos de estas dos mágicas creadoras de hermosuras.

Al terminar esas obras de arte las ponen a hornear, sube en el aire el aroma tierno de las galletitas e inunda toda la casa, sabemos que en un ratito estarán prontas para comer, el sublime y pegajoso olor endulza mis fosas nasales mientras quedó limpiando la cocina después de tremendo desorden.
Mientras se hornean y bajo mil recomendaciones se van al fondo del jardín a juntar flores, a través de la ventana las veo alejarse tomadas de la mano. Se disfrutan una a otra como si fuera la primera vez que se vieran después de muchos años.
La abuela camina y la nieta va saltando como un chingolito a su lado, ese es el hermoso paisaje que no puedo dejar de contemplar y que endulza grandemente mi alma.
Empuño los utensilios de limpieza  y aunque sin  ganas pongo manos a la obra. Tengo que apurarme antes de que vuelvan no sea cosa que me lleve un rezongo.    Cuando estoy agachado al lado del horno, miro a través del vidrio y veo que ya hay algunas que tienen el color doradito de la madurez. Abro la puerta del mismo sin hacer ruido y con un espátula robo dos galletitas de distinto lugar. Escudriño por la ventana y con alivio veo que aún no vienen.
Dejo la escoba llevando las galletitas a mis labios. A  pesar de quemarme, mi boca se llena del almíbar del placer.

Solamente una cosa inquieta mi mente, espero que ninguna de las dos haya contado cuantas galletitas había en la bendita plancha de hornear.
¡Dulces, dulces, dulces y deliciosas!
No puede haber más dulzura en alguna otra cosa existente, excepto… en esos dos amores que están llegando sonrientes con los brazos repletos de flores, rojas, azules y amarillas.

Comments
  1. Jessica Larrucea

    6 años ago

    Siempre alguna lagrimita se escapa y el corazon se entibiese cuando leo tus historias!! Genial como siempre!!

    • Buby Aguirre

      6 años ago

      Queridísima Jessica
      La tibieza es la que acaricia mi alma cada vez que recibo tus lineas. Gracias. Estas lagrimitas son buenas, ellas son es un gran ejercicio para el corazón. Nos hacen saber que a pesar de la vorágine de la vida tenemos tiempo para emocionarnos calidamente gracias a las ternuras de hijos y nietos. Te abrazo fuerte como siempre.

  2. Elena sosa

    6 años ago

    Muy interesante y un gran orgullo celeste ,mil gracias por ser embajador de nuestra cultura .un placer leer tu historia ,ya nada más que agregar pues está todo dicho .Muchos éxitos más y gracias por ser parte de nosotros .

    • Buby Aguirre

      6 años ago

      Querida Elena
      Muchas gracias por tus palabras, me alegra tremendamente que te haya gustado. La simpleza de los hechos cotidianos nos llenan el corazón, solo tenemos que descubrir y ver donde se encuentra la verdadera felicidad. Nada mas hermoso que el amor de unos abuelos y su nieta. Te mando un abrazo.Gracias nuevamente.

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