Entretenimiento

Los teros

¿Te acordás cuando con tu termo y mate caminábamos de la mano hacia las barreras y desde lo alto del terraplén de la vía, mirábamos el paisaje del bajo cañadón al costado del tajamar? Allá donde siempre sobre volaban los teros. Recuerdas cuando me decías que bajara al pasto húmedo a encontrar sus huevos, sin jamás traer ninguno, solo era para que yo viera la belleza de sus coloridas «pintitas» nomás!
-Ahora caminá tres pasos hacia adelante, seis a la derecha… derecha, ¡Te dije!
-¡Le erraste, esa es tu izquierda!… Ahora si, dale cuatro pasos más a la derecha…mirá para abajo. ¿Está ahí el nido? ¡No toques nada, solo míralo!
¿Como sabías dónde estaban los nidos si ellos gritaban por todos lados y estaban furiosos con aquel guri entrometido que venía a perturbar su paz?
Me dijiste que ellos gritaban para resguardar el nido. Disimulaban con gritos al lado de una chirca y tenían el nido a salvo en otra más distante.
Murmuraste:

¡A los hijos hay que cuidarlos!
¿Pero por qué siguen gritando aun después que volví al terraplén donde vos me esperabas? –
¡Están festejando agradecidos que no les hiciste daño!
Volví a escuchar en el silencio de esta mañana sus gritos bochincheros mezclados con tu voz.
Pero, viejo… te preguntaría hoy si vivieras… ¿Por qué se agachan constantemente?
Tu muda respuesta la llevo en el corazón.
-Para esquivar los negativismos de otros pájaros.
A lo mejor haciéndolo, ellos saben que trepan un nuevo peldaño hacia la felicidad.
Mis ojos se volvieron a empañar.

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