Bad Bunny ha realizado diez conciertos en Madrid. Todos los medios están dando la noticia y nosotros no íbamos a ser menos.

Primero hay que poner en contexto quién es Bad Bunny. El artista basa gran parte de su propuesta musical en letras que muchos consideran vulgares y obscenas, acompañadas de ritmos sencillos y repetitivos. Lejos de la imagen del chico humilde de barrio que algunos intentan proyectar, Bad Bunny es un multimillonario respaldado por una potente maquinaria de marketing global.

A lo largo de su carrera ha firmado contratos con grandes marcas como Adidas y Crocs, ha colaborado con Netflix, ha protagonizado portadas de revistas internacionales como Rolling Stone y ha participado en eventos de máxima difusión como la Super Bowl, entre otros. Nada de esto es gratuito. Detrás de este “artista” existe una estructura empresarial que invierte millones para colocarlo en el centro de la atención mediática mundial.

Mientras tanto, miles de artistas con verdadero talento continúan siendo ignorados o encontrando puertas cerradas en su intento por llegar al gran público.

Resulta difícil entender cómo se puede comparar a Bad Bunny con figuras como Michael Jackson cuando algunas de sus canciones contienen letras tan explícitas como “Si tu novio no te mama el culo”. Sus defensores presentan estos contenidos como una revolución sexual o una muestra de libertad artística, mientras que sus críticos consideran que contribuyen a normalizar la vulgaridad y a degradar la cultura musical.

El espectáculo presentado en Madrid también dejó una imagen que muchos califican de contradictoria. Se defendían supuestos valores ligados al barrio, a los humildes y a Puerto Rico, representados en una pequeña casa convertida en símbolo del espectáculo. Sin embargo, la realidad mostró que quienes pudieron acceder a ella fueron famosos y personas adineradas, alejándose precisamente de la gente a la que supuestamente representaba.

Quizá parte de esta situación sea consecuencia de la transformación de la industria musical impulsada por plataformas como Spotify y otros servicios similares, donde la promoción y los algoritmos parecen tener cada vez más peso que el talento artístico. Aun así, no todo está perdido. El resurgimiento del vinilo demuestra que todavía existe un público dispuesto a buscar alternativas y a valorar la música desde otra perspectiva.

Fotos de archivo: Canarias Baila. Bad Bunny durante su concierto en Gran Canaria, donde el cantante decidió cubrir su rostro durante una de sus actuaciones.

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