Viajes

Mochilero en el Destino

CONTINUACION

Por supuesto, nuestra reacción espontánea fue saltar para salvar nuestra integridad, al tiempo que les gritamos y deseamos lo peor por la estupidez que habían hecho. Como nadie nos recogía y las horas seguían pasando, decidí (por ser el mayor), empezar a caminar por la carretera, y la verdad es que bajo ese calor, era casi heroico. Sacábamos la cuenta que caminando cuatro días a un promedio de 30 kilómetros diarios, podríamos llegar a la localidad de Jáchal, pero por fin, después de caminar unos cinco kilómetros bajo ese insoportable calor, nos paro una camioneta para llevarnos, y nos instalamos en el pick-up, donde habían como tres cajas de uvas, obviamente calientes por ese calor endemoniado.  El conductor, que se dio cuenta que estábamos muertos de hambre, nos autorizó a comer de esas uvas,  si queríamos, y la verdad es que, con esa hambre atroz que teníamos, aquellas uvas calientes y sucias a nosotros nos sabían a caviar. Después de avanzar unos kilómetros por la carretera en la camioneta, nos encontramos con una aglomeración de vehículos y gente mirando hacia el barranco.

Resultó ser que era  la misma camioneta que casi nos había arrollado y que  estaba destrozada al fondo de la quebrada entremedio de aquellas majestuosas montañas. Qué más podría yo decir a este respecto. Después de ver por unos momentos este macabro “espectáculo”, seguimos nuestro camino hasta Jáchal, donde finalmente llegamos cerca de las 6 de la tarde de ese día. De inmediato nos fuimos, después de agradecer al conductor de la camioneta que nos llevó, hasta la dirección donde estaba la dirección de una compañía de camiones que llevaba ganado a Chile, con el propósito de pedirles el favor de llevarnos al otro lado de la montaña. Esto solo era posible si conseguíamos un permiso de la Policía, así es que “volando” partimos a la Delegación donde sin mucho más trámite, nos concedieron la autorización para viajar en aquellos camiones. El problema, era que éstos salían a la medianoche y faltaban unas cuantas horas de espera, así es que nos pusimos a caminar por el pueblo y en esta circunstancia es que nos encontramos con un grupo de gente de la montaña que estaban tomando mate, que yo nunca había probado, y nos autorizaron a acercarnos. Nos ofrecieron tomar mate, que para mi resultaba ser como un verdadero elixir, por el hambre y frío que a esas altura ya tenía. En la montaña, el frío ya se empezaba a hacer presente. Después de compartir unos muy gratos momentos con estos gauchos, nos regresamos a la compañía de camiones para saber cómo es que íbamos a viajar.

Finalmente, mis dos amigos se subieron a un camión, y a mí me montaron en otro con un señor ya mayor que volvía muy enfermo a Chile después de 40 años en Argentina. Empezamos a remontar la cordillera justo a la medianoche, serpenteando de manera impresionante esa colección de curvas por un camino de tierra rumbo al paso de Agua Negra (casi 5.000 msnm) donde llegamos al amanecer después de hacer los trámites de Aduana y Migraciones en el puesto de Arrequintin. El señor que iba conmigo, empeoraba a cada momento en su condición física y de salud a una velocidad impresionante por los efectos de la altura que hacían estragos en organismo. En el camión se estaban transportando novillos, los que después de cruzar el límite entre Argentina y Chile, fueron puestos en un corral donde esperarían un camión chileno para seguir hasta Vicuña (a 60 kilómetros de La Serena). Después de descargar los novillos, el camión argentino que me había llevado hasta allí, se regresó a Jáchal dejándome solo con el señor enfermo y los novillos. De mis amigos y compañeros de viaje, no sabía nada, porque viajaban en otro camión. Realmente la experiencia de sentirme solo en medio de esa imponente Cordillera fue, es y será inolvidable, porque como nunca allí sentí lo que era la soledad. Cada momento que pasaba, mi angustia iba en aumento, porque aparte de la sensación de soledad y abandono, mis amigos no aparecían y resulta que yo era el responsable. Después de un par de horas de estar solo allí,  por fin, apareció el camión en el que viajaban mis amigos descendiendo desde las alturas el camino de bajada hasta que finalmente, llegaron a mi lado, y por fin pude respirar tranquilo. Ahora, lo que faltaba, era que llegaran los camiones chilenos para recoger el ganado y, eventualmente, a nosotros. Grande fue nuestra sorpresa cuando, después de una larga espera abandonados en aquel lugar, y de recoger el ganado más el señor enfermo, los camiones se disponían a partir de allí  sin nosotros, lo que nos provocó una angustia tremenda. Prácticamente nos colgamos de las barandas del camión, hasta que por fin se les ablandó el corazón a los choferes y accedieron a llevarnos.

Después de un larguísimo recorrido bajando de la Cordillera,  y de haber parado en la Aduana chilena de Huanta (a 250 kilómetros de la frontera),  llegamos a la localidad de Rivadavia, a unos 75 kilómetros de La Serena.  Allí fuimos recogidos por otro camión que nos dejo en Vicuña, donde ya desfallecientes  y muy cansados, decidimos tomar un bus hasta La Serena, donde llegamos a la media tarde con una mochila sucia, desordenada, golpeada, con los cartones deshechos, pero repleta de emociones y experiencias que me sirvieron para enfrentar otros desafíos que posteriormente viví en la misma actitud de querer recorrer otras tierras y con poca plata.

Así concluyó mi primera experiencia de viaje como mochilero y como tal, será inolvidable.
FIN PROXIMO LUNES, NUEVA AVENTURA

 

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Comments
  1. Maria del Carmen Buffelli

    2 años ago

    gracias bellísimo viajar con la imaginación guiados por ti…cariños gracias….

    • James Olsen

      2 años ago

      Muchas gracias por tu apoyo, y espero seguir contando con tu entusiasmo cada semana.