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Retrato de un artista: David Hockney bajo la lupa

Los records de subastas y el mundo del arte

El mundo del arte no es exactamente lo mismo que el mercado del arte. Las casas de subastas como Sotheby’s y Christie’s aparecen con llamativos titulares varias veces al año en la prensa, dando cuenta de nuevos records en precios de ventas de obras de arte. En 2017, también en noviembre, Christie’s remató en su sede de Nueva York, la obra que hasta hoy resulta ser la más cara jamás vendida, “Salvator Mundi” de Leonardo Da Vinci, un óleo datado alrededor del 1500 y que se pagó algo más de 450 millones de dólares.

¿Resulta exageradamente alto? La expectativa de Christie’s estaba en el entorno de los 100 millones. Pero, ¿cuánto puede valer una obra de Da Vinci? Ahora sabemos que alguien estuvo dispuesto a pagar esa suma (el Museo Louvre de Abu Dabi). ¿A cuánto podría venderse la Mona Lisa?

Sin embargo, cuando hablamos de arte contemporáneo y obras de artistas que están en actividad, los precios estelares nos llaman más aún la atención. Con una perspectiva histórica acotada como para posicionar al artista en la historia del arte universal, entre otras cosas, hablar de millones puede sonar muy parecido a una burbuja inmobiliaria.

Días pasados se vendió, otra vez en Christie’s Nueva York, la obra más cara de un artista vivo, “Retrato de un artista (piscina con dos figuras)” de David Hockney (90.3 millones de dólares).

Son varios los factores que inciden en el precio de una obra, de eso se trata el mercado del arte.  Pero ahora les propongo dejarlos de lado y concentrarnos en la obra en sí misma, conocer un poco más al artista y su proceso creativo.

David Hockney, considerado uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XX, fue pionero del movimiento de arte Pop a principios de la década de los ’60. Aunque siempre rechazó ser considerado un artista Pop, eso es exactamente lo que era: un artista que plasma su realidad contemporánea, aparentemente frívola y superficial, pero cargada de sutiles matices.

Su obra se inspiró en Dubuffet y Picasso y estuvo muy en contacto con Andy Warhol en los ‘60.

Hockney fue uno de los primeros artistas abiertamente homosexuales, incluso antes de que se despenalizara en Inglaterra en 1967. Fue en parte por esto que decidió trasladarse a una sociedad más desinhibida que la inglesa, encontrándola en CaliforniaDespués de mudarse a fines de 1963, Hockney comenzó a pintar escenas de la vida sensual y desinhibida de jóvenes atléticos, con grandes piscinas, palmeras y luz solar perpetua.

 

 

Son características sus superficies planas, anónimas, brillantes, pintadas con acrílico – otro cliché pop- y la influencia de la fotografía que también utilizaría, no sólo como parte de su proceso pictórico, sino también en collages.
El punto de vista del artista queda siempre plasmado, ubicándose como el observador del cuadro y haciendo converger hacia él las líneas de la perspectiva.

Los retratos dobles de Hockney –se los conoce así porque tienen dos personajes- se encuentran entre sus series más conocidas.

La obra “Retrato de un artista (piscina con dos figuras)” en particular, también tiene otro sello de Hockney: una gran piscina icono de California resplandeciente y celeste.

Es una pintura que fue inspirada por la casualidad.

El realizador cinematográfico Jack Hazan dirigió el documental “A bigger splash”, una biopic con partes ficcionadas sobre la vida de David Hockney, donde se muestra parte de esta historia.

El “Retrato de un artista” surge en 1971, cuando David Hockney, de forma totalmente casual, presta atención a dos fotos no relacionadas que están una al lado de la otra, tiradas en el piso de su estudio. Una era la foto de un hombre zambulléndose en una piscina en Hollywood. La otra era un joven mirando al suelo. Por la forma en que habían caído, parecía que el joven estaba mirando al hombre en la piscina. Hockney ya había comenzado a pintar retratos con dos figuras y encontró que esta unión fortuita formaba la pareja ideal para el próximo cuadro.

“La idea de volver a pintar dos figuras en diferentes estilos me atrajo tanto que comencé a pintar de inmediato”, escribió Hockney en su autobiografía de 1988.

Así es como se vuelca a trabajar arduamente en la pieza (demoraba meses en hacer una obra de esas características, en este caso acrílico sobre tela 213,5 x 305 cm) para poder tenerla finalizada para su siguiente exposición. Pero luego de 6 meses de trabajo, el artista llega a la conclusión que está equivocado, había planteado mal la perspectiva de la piscina y decide desechar todo lo hecho.

Faltando sólo dos meses para la apertura de la muestra, Hockney contrata a un director de cine (Tony Richardson) y a un fotógrafo (John St. Clair) para hacer una serie de sesiones fotográficas en la piscina de Richardson en la Costa Azul francesa. Luego combinará estas tomas –de ahí las colinas mediterráneas del fondo del cuadro, de ricos tonos de verde y con la luz particular que tanto buscaban los “Impresionistas”, un paisaje para nada californiano- con otras hechas en Londres y Los Angeles a su amante, Peter Schlesinger, que sirvió de modelo al personaje que está de pie fuera del agua.

 

Cuenta en su biografía que trabajó en la pintura 18 horas al día, durante dos semanas seguidas. “Literalmente terminé la pintura la noche anterior a la fecha en que fue enviada a la exhibición”.

Ya en ese momento, la obra generó gran impresión y fue la star de la exhibición. La galería vendió la pieza en 18 mil dólares (lo que serían hoy unos 110 mil dólares).

El cuadro es impactante, la combinación de los paisajes, el extrañamiento que provocan, un toque un tanto surrealista cercano a algunas obras de Magritte, las dos figuras de tamaño casi real, trasmiten la fuerte tensión latente y palpable que hay entre los personajes. Sin quitar la atención del espléndido paisaje de fondo, la obra nos cuenta una historia, contiene una fascinante narración de esa relación entre las dos figuras, una estática, vestida y más ajena al ambiente que la circunda y la otra, más difusa y lejana al espectador, en un perfectamente insinuado movimiento bajo el agua cristalina.

Sin dudas, una obra maestra de Hockney, que el año pasado hizo un recorrido por grandes museos del mundo – entre otros el MET de Nueva York, la National Gallery, el Centro Pompidou y record de visitas en la Tate Britain-. La identidad del comprador de “Retrato de un artista” no ha sido revelada, esperamos que en un futuro podamos volver a verla circulando en préstamo por algún museo.

 

 

Por: Mercedes Sader
Mercedes estudió curaduría y crítica de arte en Node Center for Curatorial Practices en Berlin y en Sotheby’s Institute of Art.  Es miembro de ICI (Independent Curators International), Productora de cine y Directora de Black Gallery, galería de arte contemporáneo, Pueblo Garzón, Uruguay.

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