Viajes

Nuestro viaje

Cuando mis amigos me vieron casi al borde del desmayo, le preguntaron a Gladys que es lo que se podía hacer, porque se estaba transformando en una situación inmanejable para ellos, y para mí también.
Inmediatamente, me tomaron entre varios dándome apoyo para caminar, porque ya a esas alturas no me podía sostener en pie.
Me llevaron a un médico que trabajaba en una farmacia y de inmediato se hizo cargo de mí preparándome para ponerme la primera inyección de pie en mi vida. Por supuesto que fue una sensación nada agradable, pero luego de un rato algo mejor me sentía. Al extremo, que me llevaron de vuelta a la fiesta, pero en realidad fue solo para despedirme, porque me sentía muy débil como para continuar en pie.
Uno de mis amigos me pregunto si de todas maneras viajaríamos al día siguiente, y yo le dije que si o si lo haríamos, ya que previamente habíamos acordado desviarnos del camino para ir hasta Montevideo, Uruguay.
Como yo era el mayor, el “Comandante” del grupo y el que daba las órdenes, no les quedo más que obedecer y prepararse para el día siguiente.
Luego Gladys me llevé a la casa de su hermana donde inmediatamente que llegamos, me acostó en la cama. Allí estaban todos revolucionados, porque nadie sabía ni entendía lo que me estaba pasando (y hasta el día de hoy, todavía no lo sé). Desafortunadamente y sin querer, estaba preocupando contra mi voluntad a un grupo de personas que se había portado excelente conmigo, pero no era mucho más lo que yo podía hacer para remediar esta situación.
El dueño de casa me dio una pócima casera que al poco rato me hizo transpirar casi groseramente. Entonces Gladys me tomaba ella solita, me llevaba a la ducha y me ponía bajo el agua para limpiarme todas esas impurezas transformadas en transpiración.
Esta operación yo creo que la hizo unas tres o cuatro veces, pero me empezaba a sentir mejor. Así llego el momento en que me pude quedar dormido y descansar un poco.
Cuando desperté el día siguiente, la verdad es que tenía la sensación de sentirme un poco mejor, pero cuando me paré en mis dos pies, pude verificar cual era mi estado real, pero como no era muy bueno, preferí no decir nada.
De esta manera empezaron los preparativos finales, de los que realmente, se encargaron mis amigos y yo solo me reincorporé para caminar hasta mi carro, sentarme frente al volante y ponerme a manejar, para lo que realmente, no me sentía tan mal.
La despedida de Gladys y todos mis amigos, fue muy emotiva, porque todos ellos lloraban y agitaban pañuelos en señal de despedida sin la certeza de cuando nos volveríamos a encontrar.
De verdad, ha sido una de las despedidas que jamás podre olvidar en mi vida.
Después de estos emotivos momentos, no me quedó más que hacer como que me sentía bien y seguir al mando de nuestro viaje.

 

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