Viajes

Inmigrando a algun lugar

Al tercer día ya me había incorporado como integrante del Coro de la Universidad Católica de esa ciudad y antes de una semana, estaba a un metro de distancia conversando con el Presidente de Paraguay.
La verdad, es que me sentía como si hiciera mucho tiempo que estaba en ese grupo,y por supuesto, esto no era más que el resultado de la calidez con la se me abrieron las puertas en este lugar.
Era tan a gusto como me sentía y tan incorporado a la sociedad, que muy luego ya estaba viajando a Asunción para iniciar los trámites de mi radicación en Paraguay, lo que no me resulto para nada complicado. Lo único que no era muy agradable, era el tener que levantarse tan temprano cada vez que iba a Asunción, y prefería hacerlo así para darle agilidad a la gestión.
Eran muchas las cosas buenas que me pasaban en ese primer tiempo, porque a los pocos días y por intermedio de otro señor que ya había conocido antes, tuve la suerte de conocer a dos altos ejecutivos de un muy importante Banco de ese país.
Pasaron cosas increíbles, como el que me ofrecieran un trabajo muy importante, que yo rechacé, más que nada, porque no tenía la experiencia ni preparación para el cargo que me estaban ofreciendo. También, invitaron a mi padre para dar en conjunto conmigo unas charlas relacionadas con la Seguridad Social, en la que si tenía preparación, pero que en Paraguay todavía no era ley, así es que lo único que se pretendía, era estar preparado en caso que una posible ley en este sentido fuera discutida o propuesta.
Después que todo esto se concretara en la realidad, es decir, que mi padre viajara a Paraguay, que diera las charlas y aprovechara de llevarlo a conocer el sur del país al que yo estaba llegando, me dejaron con una mezcla de nostalgias que me hicieron revisar las intenciones que tenía de no regresar jamás a Chile.
El día que mi padre regresó a Santiago, y que lo fui a dejar al Aeropuerto en Asunción, quedé con una terrible sensación de vacío y desprotección que no podría explicar con palabras, pero resultó fundamental para lo que vino más adelante.
Primero, resolví programar un regreso a Chile para pasar las fiestas de fin de año allí junto a mi familia y amigos considerando una detención en Firmat por razones obvias. En principio, viajaría unos cinco días antes de las fiestas, pero la nostalgia empezó a ser tan fuerte, que lo adelanté en uno cuantos días más.
Antes de viajar, una de mis amigas de la agrupación coral, me invitó a caminar por el centro de la ciudad y de paso, tomar un helado en una Hamburguesería nueva que se había abierto frente a la Plaza Principal.
Allí sucedió algo por muy particular, porque después de los pedidos y pago, una mujer muy linda y de la nada, me preguntó “si acaso yo era Chileno”. Por supuesto, le contesté que sí, pero su pregunta me pareció un poco extraña. En todo caso, después de este episodio, mi vida continuó dentro de los márgenes del nuevo camino que estaba pavimentando en una tierra extranjera.
De cualquier manera, el día de la partida a Santiago llegó y por supuesto, yo estaba muy excitado por todo lo que se venía por delante.

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En la Actualidad, James Olsen

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