Viajes

Nuestro viaje a Paraguay

Llegué a buscarla y ella estaba muy bien vestida y bonita; como para la ocasión. Ya había elegido el lugar al que iríamos a cenar y no opuse ni la más mínima resistencia, ya que era lógico pensar que ella conocía mucho mejor el lugar que yo.
Cuando se acercó el maitre para acomodarnos, nos sentamos en una mesa muy bonita también dispuestos a pasar un buen momento de charla y compañía.
Casi al instante que nos terminamos de sentar, las primeras palabras que pronunció fueron para preguntarme:
“y entonces estás listo para casarte?
Le contesté que no, y que ya no me quería casar. Obviamente que muy sorprendida me preguntó cuál era la razón.
Le expliqué que las razones que yo tenía para tomar esa decisión era constatar su actitud en el recibimiento y el poco interés que había percibido de su parte. El gesto de su cara lo decía todo, pero yo ya no estaba dispuesto a dar marcha atrás, así es que el mejor “ofrecimiento” que le podía hacer, era el proponerle seguir siendo novios hasta el último minuto que yo estuviera en Encarnación. Después de esto, cada uno seguiría su camino como mejor le pareciera y por suerte, estuvo de acuerdo.
Así es que el resto de la reunión fue conversar de cosas generales y planificar lo que haríamos en los días que estuviéramos juntos, y entre las cosas que acordamos, fue el viajar juntos a Asunción, donde finalmente, pasaría los mejores momentos de nuestra relación.
Así fe como luego de más o menos dos días en Encarnación comenzamos esta parte de nuestra aventura dirigiéndonos a Asunción luego de haber reparado la parte mecánica en Posadas, Argentina con el único mecánico que había en los alrededores que supiera de vehículos Citröen.
Entonces con esa tranquilidad, ya podíamos ir a cualquier parte y, en este caso, Asunción.
Este tramo transcurrió entre la admiración, relajamiento, excitación y novedad por todo lo que íbamos observando en el camino, con tormentas amenazantes que por suerte no se desencadenaron en ningún momento del viaje, más la incertidumbre de cómo irían las cosas en estas tan extrañas y especiales circunstancias que estábamos enfrentando.
Después de unas cuatro horas de viaje desde que habíamos salido desde Encarnación, estábamos entrando en la capital de Paraguay, Asunción.
Por supuesto, y tal como lo adelantara, todo lo que veíamos era novedad y la entrada en la ciudad era realmente hermosa, por la Avenida Mariscal López, adornada con frondosos árboles, e impresionantes mansiones a sus costados. Claro que en nuestro caso, el lugar escogido para quedarnos fue un sector algo más modesto en el centro de Asunción, aunque igual era un sector llamativamente hermoso y desde ese minuto, nos dejamos llevar por nuestras “guías” que estaban felices de estar con nosotros en esas circunstancias.

About James Olsen

ape-gallery id="12123"]

Comments

2Shares