Viajes

Lima-Arica

Enseguida nos paró una camioneta para llevarnos hasta Cañete, 150 kilómetros al sur
de allí.
Cuando faltaban más o menos unos cuatro kilómetros para llegar a esta ciudad, paramos para cargar gasolina y nos encontramos con la sorpresa de que había racionamiento de combustibles y por esta razón, nadie estaba viajando más al sur.
Tuvimos que pensar rápidamente en una alternativa, y así conseguimos que un camión nos avanzara hasta Cañete mismo.
Por supuesto que estando allí, continuamos pidiendo que nos llevaran, y como no teníamos suerte, decidimos caminar. Lo hicimos por unos 10 kilómetros, hasta que el cansancio nos derrumbó y nos vimos obligados a parar para descansar. En este punto, no teníamos idea dónde estábamos, porque no había ninguna señal alrededor que nos indicara algo.

Después de una tres horas de mala suerte, nos paró un camión para llevarnos hasta Nasca, importante ciudad a unos 400 kilómetros de allí, y al llegar allí, vimos que teníamos una Estación de Policía, así es que pensamos que una buena solución sería pedirles ayuda. Cuando íbamos entrando, uno de ellos me apuntó directamente a la cabeza con lo que inmediatamente detuvimos nuestros pasos y desde ese mismo punto, contestábamos sus preguntas.

Cuando le quedó claro quienes éramos, qué era lo que queríamos y para dónde íbamos, bajó el rifle y nos dejó continuar caminando hacia él. Ya en ese momento, pudimos conversar más tranquilamente y explicarles que estábamos escasos de plata, pero necesitábamos seguir a Chile. Finalmente, llegamos al acuerdo de hacer una “transacción comercial”, que consistió en venderles un pantalón que me quedaba y con la plata que conseguimos, podíamos optar a un pasaje en bus hasta Tacna.
Cerca de las 9:00 de la noche, conseguimos un bus de la Empresa Ormeño para seguir camino.

Después de casi 20 horas de camino, llegamos a la frontera con Chile, pero todavía nos quedaban más de 2.000 kilómetros de viaje.
Entramos a Chile sin mayor problema entrando a la ciudad de Arica y nos bajamos frente al regimiento, porque había que pedir un salvoconducto para seguir a Santiago, y se conseguía allí.
El problema fue que no pudimos conseguirlo de inmediato, y tendríamos que regresar al día siguiente, situación que nos obligaba a dormir en Arica. Por suerte, Víctor Hugo tenía la dirección de una gente conocida donde podríamos quedarnos, y así en realidad fue cuando llegamos al lugar.

Ya que de alguna manera teníamos algo de comodidad, nos fuimos al cuarto que nos asignaron y me quedé dormido casi inmediatamente. Mi amigo seguía con la complicación estomacal y aprovechó el momento para salir a la calle y ver si caminando se le pasaban los malestares.
El agotamiento no nos dejó hacer más actividades y el resto del día lo dedicamos a descansar y dormir.
CVONTINUARA …

Comments