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Lamento de coyote herido

Lamento de Coyote herido

Usted me pide que le cuente mi historia… bueno si tiene tiempo, escuche…
Y era…déjeme decirle… allá por el 84 u 85… 85 para ser más preciso.
¡Que años difíciles para nosotros! Mire que intentamos de veces y no había caso, la Teresa se me estaba quedando cada vez más flaca y no aparecía el hijo añorado.
¡Intentamos …todito…todito… si hasta parece mentira!
La vida en Uruguay se había complicado… trabajé por años en el Trigal, la fábrica de galletitas, desde la cual, la gerencia nos había avisado que cerraban la planta y se terminaba el trabajo. También hacía algunos changas de albañilería. Pero al perder el sustento principal, las trabajitos extras no serían suficiente para mantenernos. Teresa, mi esposa, estaba de empleada domestica de una familia adinerada en Punta Gorda, mezclaba su poco tiempo libre con algunos trabajos de costura. La pobre, me acuerdo, tenía que tomar tres ómnibus para ir y tres para regresar a nuestro apartamentito allá en Sayago, queríamos un cambio, le digo más… ¡Necesitábamos un cambio!
Desde que nos casamos soñábamos los dos con tener un hijo, pero al pasar el tiempo… como que de a poco… nos fuimos desahuciando, intentamos todo, y todo… fue imposible. Doctores, curanderas, hasta alguna vieja bruja del barrio, todo, todo intentamos y en todas las pruebas rebotamos.
Hasta que un día nos dijo Diego Peralta, el ginecólogo de la Española, que a lo mejor un cambio de ambiente nos favorecería…y cuando llegó el último día de trabajo en el Trigal, dijimos con la Teresa:
¿Y si nos vamos del país, esto se está poniendo feaso, quien te dice que…?
Nos gustó la idea y de ella pasamos rapidito al entusiasmo, a los dos días nomás llamé a mi tío y padrino que está en Sarandí del Yí . Él tiene una pequeña feria ganadera y ahí nomás “sin anestesia” le pedí la plata para el pasaje. El hombre conocedor de toda clase de ardides y de toda clase de gente, antes de tener una desilusión, o un desengaño, con alguien de su sangre me dijo:
El viernes se la estoy mandando con Ramírez que va pa´ahí…espérelo en la puerta del Mercado Modelo.
Pero…ahijado, mire que no es una deuda, es un regalo de su padrino.
El hombre sabía que a lo mejor saldaba la deuda o a lo mejor no, por las dudas prefirió perder el dinero y no a su ahijado. Se lo devolví en cuotas …¡pesito a pesito se lo devolví!
Mi padrino no perdió ni su dinero ni su ahijado y yo me sentí orgulloso.
Ya hacía como tres años que nos habíamos venido para Atlanta… linda ciudad, ¡de arranque nomás nos gustó!
Llegamos en primavera, la mejor época del año, todo estaba florecido, los árboles de las veredas atestaban de flores blancas del Dogwood, que en esa época no sabía si la traducción era “perro de madera” o “madera de perro”, ahora después de pasar veinte y pico largos años, todavía no lo sé.
Aquí estaba un primo de la Tere y él nos ayudó muchísimo… en unos locales de ventas de segunda mano compramos un montón de cosas, amueblamos el apartamento y empezamos una nueva vida. Y con el tiempo todo llegó… la legalidad, la casa propia, la tele nueva, el primer auto, el juego de dormitorio color castaño… todo llegó…todo …menos… un hijo.

Teresa, la pobre, no había noche que no se durmiera llorando, ella lloraba y me contagiaba a mi, hasta el “Pulga”, nuestro perdiguero, parecía que se había contagiado, estaba siempre con cara de triste, daba la impresión que los tres tendríamos el lagrimero lleno de por vida.
Los años siguieron su marcha…fuimos a Uruguay y regresamos…y siempre con ese vacío irremediable en el alma. Era como un punzada diaria que no nos dejaba vivir.
Un domingo de noche estábamos con la Tere solitos, el perro de lejos se había echado en un rincón, mirábamos abrazados un partido de futbol americano… ¡otra cosa nueva más!…habíamos aprendido hasta las reglas de ese juego tan difícil pero… no habíamos aprendido, a conformarnos con no tener el niño que tanto deseábamos. El teléfono suena desbocado. Al levantar el tubo nos dio tremenda alegría saber que era la tía Nena, hermana de mi papá, que vivía en San Antonio, Texas, desde hace muchísimos años. Habló dos segundos para decirme que tenía una noticia que a lo mejor nos interesaba.

Pero…llámenme ustedes, que para mi es carísimo- espetó apurada.
Recordé lo que decía mi padre- ¡Es amarga pa´los pesos!
Quedamos discando su número con una vehemencia que parecía que estábamos desesperados.
La tía nos dijo que había conocido a una señora de Nuevo Laredo, México, que tenía una hija de 27 años y ya tenía 6 hijos, todos de distintos padres…había tenido familia hacía poco tiempo, y la pobre mujer, necesitaba dar el niño para que una buena familia lo criara, ya que para ella sería imposible

¿Quiére que siga?…¿No le aburro?… Está seguro…Bueno sigámos entonces…la tía se ofreció a ayudarnos a traer el bebé en cuanto naciera, pero al no tener ninguna clase de documentación que lo acreditaran no lo podrían entrar en los Estados Unidos por la vía legal, ella solamente lo traería hasta la frontera México-Estados Unidos, y de ahí lo pasarían por el río.
Lo único que requería la madre era que el que la ayudara a cruzar fuera un “coyote” que se llamaba Domingo Juárez, dándonos un número de teléfono donde localizarlo.
Usted sabe que le llaman “coyote” a esos guías conocedores del terreno del área fronteriza, que pasan personas sin documentación por la frontera. Hay historias bastante feas de esta gente, dicen que son desalmados, que no les importa la suerte de los inmigrantes, solamente lo hacen por la plata.
Escuché decir que la vida humana en sí no tiene ningún valor para ellos, si mueren en el intento, mala suerte, siempre vendrán otros que querrán pagar para cruzar el borde y entrar en territorio americano.

En fin, hicimos los arreglos del caso y el hombre nos cobró dos mil quinientos dólares. Al final resultó una niña, por la cual habíamos pagado pero, quizás le pudiéramos dar una vida decente, llena de amor y a su vez, alimentar nuestros deseos de ser padres.
Quizás hubiera habido otros métodos más seguros… ¡No sé! Adoptar algún niño tal vez acá en Atlanta pero averiguamos y no sería tan fácil.
Después de haber comenzado todo me asusté y aquella noche no me olvidaré jamás.
Yo había cruzado al lado mexicano y estábamos con la tía esperando al “coyote” en aquel hotelucho de mala muerte…era divina la niña…hasta la encontraba igualita a Teresa, los mismos ojos, el pocito en el mentón, ojos negros saltarines y vivarachos…hermosa, fue amor a primera vista. Me parecía mentira agarrarle sus deditos y mirarla a los ojos. ¡Era un poema de linda!
Como a las dos de la mañana llamaron a la puerta, abro lentamente, y vi la cara de Domingo desencajada, exigiendo que le diera la niña que ya era hora de cruzarla.
La arropamos con una mantita y se la entregué…así nomás…se la entregué…con tan solo tres meses de vida…No puedo seguir ..no me lo perdonaré jamás…entregué a mi hija como si fuera un paquete…no puedo seguir contando…no se que pensé …era tanta la desesperación…la cara de Teresa bañada en llanto se me representó…estaba tan cerquita de ser madre….no pensé nada, mi mente se quedó en blanco y caí al suelo envuelto en llanto… rodeado por los brazos de mi tía, y así abrazados lagrimeamos hasta el alba. Y nos hicimos miles de preguntas…
¿Y si no la vemos más, y si la niña desaparece como tantos otros niños, y si la matan?… ¿Y Domingo era de confianza? No, claro que no, la madre de la niña solamente nos dio su número…¿Cómo pude ser tan inconsciente?…Se llevó mi niña…Y quedamos nuevamente solos.

En ese encuentro de cuatro minutos Domingo me dijo, que en ocho horas me la entregaba en cierto motel del otro lado de la frontera donde, yo esperaría su llegada y la de la niña.

Al llegar las doce del día, horas tremendamente lentas, nos arropamos y nos fuimos al puesto fronterizo, pasamos para el lado americano y sin mucha dificultad nos registramos en el motel donde Domingo nos dijo que iba a ser el encuentro, nos tocó una sucia y desprolija habitación en el segundo piso.
Y las horas se hicieron eternas esperando a mi hija y con otras veinte mil preguntas rondándome en mi cabeza. Pasaron las ocho horas y ni rastros de Domingo, se llegó la madrugada y mi desesperación era tal que no podía conmigo mismo. Quise gritar, ir a algún lado a hacer la denuncia pero no había nada legal que la respaldara, por lo tanto junto a la ventana mirando la oscuridad me arrodillé a rezar desesperado. La tía trataba de calmarme, sin lograrlo. Por los nervios, el cansancio, la tensión de lo vivido o que se yo me dormí bañado en llanto al pie de aquel marco rectangular de esperanza.
A las tres y diez de la madrugada siento que levemente tocan a mi puerta y me levanto corriendo en penumbras miro por el pequeño orificio de la puerta y no veo absolutamente a nadie, miro hacia un lado y otro y no había un alma del otro lado, solo el pasillo vacío.
Me armé de coraje y abrí, lentamente y vi que en el suelo contra la puerta había una caja de cartón, esas usadas para transportar aguacates. No me animaba a mirar dentro. Finalmente con el corazón desbocado por el miedo abrí la caja mugrienta y allí estaba mi niña inmóvil…ahogando un grito que solo lo escuchó mi alma desgarrada la levanté y cerré la puerta.
Al hacerlo la niña abrió lentamente sus ojos, estaba completamente deshidratada y por el costado de su boca salía espuma, le dimos a beber en pequeños sorbos. Mi tía le lavó su carita con un paño de agua fría y le dio el agua con azúcar que llevaba preparada, al igual que unas botellitas con leche mezclada con fórmulas de bebe y de a poquito se fue recuperando.

Cuando mi tía tomó control de la situación volví a recoger la caja del corredor y encontré una nota de Domingo diciendo que había tenido complicaciones, fue por eso que tardó más de la cuenta en traer la niña, estuvo escondido de una patrulla fronteriza por más de siete horas.

En un español pésimo me pidió disculpas y las últimas líneas decían, que cuando leyera la carta me asomara a la ventana.

Levanté el vidrio con cuidado, afuera solo se veía la negrura de la noche, nada más, saco con miedo mi cabeza para afuera de la ventana tratando de ver algo y…escucho la voz de Domingo desde la calle desierta.

Señor, le pido por Diosito, que cuide a esa niña, prométame que la va a querer como a nadie en este mundo… sabe Señor, que se me pasó por la cabeza quedármela… pero Señor, con la vida que yo llevo sería imposible, por lo tanto yo le pido por todos los santos que la cuide y proteja, yo sé Señor que estará bien en sus manos .

En la oscuridad total, sin entender nada, escuché la voz quebrada de ese hombre curtido por una vida de peligros, acostumbrado a vivir sin miedo, conviviendo paso a paso con la muerte…lo cual me sorprendió y contesté al vacío:
Yo la voy a cuidar con mi vida, Domingo, como usted la cuidó para traerla hasta aquí.
¡Gracias compadre!…dijo Domingo…se lo agradeceré siempre, se lo juro por mi Virgencita de Guadalupe… por que esa niña…por que esa niña…esa niña…
¡Es mi hija, compadre!
-En la oscuridad de la noche se escuchó el llanto desgarrador de aquel hombre que perdía contra mi…la primera, verdadera y única batalla de su vida.
La de poder amar con toda el alma a un hijo y ser las veinticuatro horas del día:
¡Un verdadero padre!
Buby Aguirre

(Relato ganador del segundo premio Concurso Literario  Arte Latino de Latinoamérica Televisión, tema: Historias de Inmigración)

(Extraído del libro Sedimentos de un viejo mar de Buby Aguirre)

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