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Fundación Iturria: el camino empedrado de la difusión artística y cultural en Uruguay

No es posible siquiera comenzar a hablar de Fundación Iturria sin referirnos a Ignacio, el artífice de esta gran propuesta que indefectiblemente lleva su apellido. Nadie mejor que él para entender de qué se trata este universo, pues su vínculo con las disciplinas artísticas se gestó desde muy pequeño cuando comenzó a pintar y asistió a cursos de dibujo publicitario en su Montevideo natal para luego perfeccionarse en España donde vivió varios años.

Concretar esta fundación fue un sueño hecho realidad que comenzó con el impulso de tender un puente entre las artes y los jóvenes que se encuentran a la búsqueda de su identidad

El objetivo es fomentar y estimular la vocación por las artes, y es con esta perspectiva que impulsa múltiples propuestas de carácter artístico en formatos de exhibiciones, talleres, cursos, seminarios y conferencias que elevan el escenario cultural de toda nuestra comunidad.

El proyecto más ambicioso de la Fundación es la Colonia artística Rosario Oriental, donde a través de residencias, grupos de artistas conviven junto al maestro Iturria en un ámbito de desarrollo creativo. Estas colonias no sólo se llevan a cabo en Uruguay, sino que desde el año 2008 Iturria viene realizándolos en las distintas ciudades donde se radica: San Salvador, Lima, Cadaqués, Samaná (Rep. Dominicana) Miami, Nueva York, y actualmente en Madrid.

Además, gracias a la alianza cultural con la Galería Iturria en Cadaqués y la Galería Juan Risso en Madrid, los artistas nacionales vinculados a la Fundación, pueden acceder al público internacional.

Recorrimos Casablanca, su taller y centro de actividades comunitarias en compañía de Claudia Piñón, su señora y Carmela Piñón, su sobrina.

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¿Cómo nace la idea de crear la Fundación Iturria?

Podríamos decir que la idea comienza a gestarse en un viaje a Estados Unidos en 1988, cuando Ignacio resulta uno de los 15 artistas seleccionados por el Found For Artists Colonies de Nueva York para participar de una colonia multidisciplinaria con referentes de distintos países. Allí estuvo tres meses y contó con un espacio propio para generar obras que luego exponía dentro de esa misma comunidad artística. Esa experiencia fue tan maravillosa que al regresar a Uruguay empezó a sobrevolar la idea de hacer algo similar y así surgió Casablanca en el año 2002, con la importante colaboración de Néstor Piñón, un proyecto antecedente de lo que hoy es nuestra fundación.

¿En qué consistía ese primer proyecto?

Casablanca, en busca del arte es una Escuela de Artes que surgió con la idea de interrelacionar diferentes disciplinas artísticas como la música, la pintura, la fotografía y la danza, entre otras. La idea era intercambiar expresiones para generar un espacio multidisciplinario en el que todo estuviera conectado. Con el tiempo, hicimos foco en las dos disciplinas más fuertes: la pintura quedó a cargo de Ignacio y la música a cargo de su hijo Nacho Iturria.

¿Cómo surge la idea de la fundación?

Fue luego de realizar una gira de gran escala que Ignacio emprendió por todo el interior del país en 2003 junto a la exposición “La Libertad del Juego”, en el marco del 40° aniversario del Instituto Goethe. Viajó por cada departamento junto a sus talleres y se sorprendió por la falta de estímulo que descubrió en la gente, ese desapasionamiento y falta de rumbo. Además de promover, difundir y preservar la obra de Ignacio Iturria.

¿Cuándo se incorpora a Casablanca la Fundación Iturria?

La Fundación Iturria nace recién en 2012 con el objetivo de promover el desarrollo vocacional de los artistas, que en definitiva es la misma propuesta de Casablanca.

¿Qué cambios experimentaron con la presencia de la fundación en Casablanca ?

La diferencia más significativa tiene que ver con el abordaje de los talleres y un incremento de las muestras al público. Antes, las exhibiciones eran con alumnos de la casa por lo que creemos que la fundación llegó para darle más forma a algo que ya estábamos haciendo desde hacía mucho tiempo: poner a disposición la infraestructura, brindar clases e impulsar talleres para enseñar en el interior. Con la fundación logramos institucionalizar todos esos esfuerzos y consolidar otro perfil. A nivel internacional, por ejemplo, resulta un algo más fácil traer artistas extranjeros.

¿Reciben algún apoyo del gobierno?

El gobierno te exonera de algunos impuestos por funcionar como una escuela, específicamente el terreno no paga contribución, pero no tenemos otro tipo de apoyo. Cuando recién se fundó, obtuvimos los Fondos de Incentivo Cultural que fue un impulso puntual y ayudó a que algunas empresas confíen en el proyecto.

¿Tienen algún tipo de intercambio a nivel de colecciones o visitas?

Tuvimos, y trajimos artistas internacionales. Ignacio germinó semilleros por todo el mundo y ahora pueden cosecharse, el problema es que se necesita de mucho presupuesto y nosotros somos quienes nos encargamos de todo.

También realizan actividades con niños escolares, ¿de qué trata ese programa?

Tenemos propuestas de visitas guiadas tanto para escuelas públicas como privadas. No hay ningún tipo de acuerdo o convenio gubernamental, sino que lo manejamos con un grupo de gestoras que se dedican a llevar las escuelas a espacios interesantes. Este año se incorporaron a las visitas, los niños del Plan Ceibal. Hace poco nos sumamos a una movida fomentada por la Intendencia de Montevideo y el Museo Gurvich, de pintar los contenedores. Distintos profesores de la Escuela trabajaron en el diseño en base a dibujos de Iturria y los niños de una escuela pública vinieron a pintar. La experiencia fue increíble, ver cómo se les iluminaban los ojos al manipular un pincel, les encantó. Estamos siempre a la búsqueda de apoyo comercial para poder solventar los gastos de materiales y financiar los talleres a estudiantes sin recursos. Empezamos a hacer uno por semana para niños de cuarto, quinto y sexto grado y esperamos poder seguirlo el año que viene

¿Qué desafío tienen a corto plazo?

Seguir exponiendo artistas nacionales e internacionales.

Organizarles talleres para que compartan sus procesos creativos y lograr mayor intercambio de nuestros artistas con los de otros países, cosa que resulta muy difícil sin apoyo estatal.

Hay muestras y oportunidades muy importantes como la exposición gigante que se realizó en el Museo de Artes Visuales con José Giménez como curador que se ven truncadas por una cuestión económica, teniendo la vía para poder llevarla a Brasil y Chile. Lo que pasa con los museos es que al ser estatales se dificulta mucho la interacción público- privada. Aún falta mucho para que esa articulación funcione como sí pasa en las grandes capitales del mundo.

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