Entretenimiento

El vaivén de la esperanza

Ella acarreando su corazón destrozado subió al ómnibus repleto, caminó hacia el fondo, sorteando con dificultad la maraña de almas cansadas. A esa hora sabía que conseguir un asiento sería imposible. El ómnibus comienza su desafortunado vaivén lo que la obliga a balancear su pequeño cuerpo apenas agarrada con la punta de sus dedos al pasamanos helado; casi inalcanzable, similar… al amor que la había abandonado. u dolor aún sangraba, sus ojos nublados por el recuerdo de su amado no le permitía ver ni pensar cuerdamente. Ya habían pasado tres meses y no lo podía quitar de su mente ni un solo instante. No existieron explicaciones. Mientras ella estaba en el trabajo, el recogió sus ropas y se marchó. Se esfumó propiamente dicho. Desde entonces lo veía en cada rincón, en cada flor, en cada sombra, en cada mancha de humedad, en cada nube.

Al cabo de un rato del trayecto intenta mirar por una ventanilla para adivinar su posición en el mundo.Cuando se inclina levemente, su corazón da un vuelco inesperado. Piensa que está presenciando un espejismo. Cierra los ojos y sacude su cabeza como queriendo desempolvar un pensamiento indeseado y anhelado a la vez.Observa nuevamente y ve reflejada en el vidrio la imagen conocida del hombre que fue suyo. Aquel que desgarró su corazón con su jamás anunciada partida. La sorpresa dio paso a la curiosidad.
Se miran intensamente a través del momentáneo espejo. Él viaja agarrado al mismo pasamanos; la joven ya no lo siente tan frío. Solo los separan cuatro personas pero ninguno de los dos quiere voltear la cabeza. El contacto es el reflejo en el vidrio. Dos pares de ojos se funden en el almíbar del encuentro. Los sentidos se atribulan y los pensamientos dejan de existir. Solo hay lugar para transmitir emociones profundas a través de la mirada.

El alrededor se esfumó como por encanto y se dejaron flotar por el silencio de la soledad a pesar de estar rodeados de gente. Pasan varios segundos, minutos tal vez, sin que las miradas decaigan o los ojos se animen a parpadear por temor que en tan solo un suspiro de pestañas la magia de aquel momento se desvanezca. Comienzan a acercarse con dificultad, lentamente, sin escuchar los rezongos malhumorados de las personas que tienen que moverse para dejarlos pasar. Con el encuentro y sin hablar una sola palabra había salido a la luz en el joven el error de haberse marchado. Él la amaba con la misma intensidad.
Lágrimas brotaron sin querer y no hacen ningún esfuerzo por ocultarlas. En su desespero para no perder aquel encanto y empujando a la gente que entorpecen su paso se abrazan en un intento desesperado por detener el dolor de la separación. Los labios se unen en un beso cálido, suave, interminable, sin parpadear como queriendo asegurarse que esos eran los ojos que ambos amaban mas que nada en la vida. Las lágrimas se unen al agasajo del amor.

La maraña de gente queda atónita con la escena que están presenciando, lo que descarga una gigante reacción en cadena en todos los pasajeros. El conductor súbitamente detiene el vehículo y levanta los brazos como gritando un gol, agradeciendo en voz alta al cielo por tener trabajo. La señora rubia del tercer asiento se olvidó que la carne había subido de precio Al carpintero que viajaba parado, se le alivió el martillazo que se había dado en el dedo. Las muchachas que trabajaban en la tienda no pensaron mas en los rezongos del patrón panzón que usaba los lentes chiquitos y espantosos en la punta de la nariz. Al mecánico se le enfrió la quemadura que le había producido aquel caño de escape maldito.
Hasta los punguistas sacaron las manos de los bolsillos ajenos. Todos los pasajeros absolutamente, se olvidaron de sus propios problemas al presenciar aquel acto de amor. El estruendoso aplauso irrumpe simultáneo a la misma vez que los gritos de festejos. La algarabía fue parte importante de aquello tan sublime y verdadero…La viejita del último asiento, mimosa, le dice al septuagenario de campera azul sentado a su lado:

Y son las cosas del amor, vaya a saber por qué! A lo mejor es cierto eso que dicen que todo lo cambia! Y usted… ¿Tiene compromiso?
¡Quien le dice! Responde él.
Mas vale creer que…No, no tengo compromiso, si usted quiere…
El ruido del motor y la algarabía acallan sus voces. Pero lo que no se puede silenciar son los cantos, gritos y risas de alegría de todos los pasajeros. El ómnibus no se detiene en la próxima parada. La gente que hace rato que lo esperaban lo ven alejarse y sacuden sus cabezas maldiciendo.El vehículo se empequeñece y se escuchan desde el mismo gente vitoreando junto a ovación de aplausos. En la parada los aspirantes a viajeros se miran extrañados.
Sin saberlo estaban escuchando la culminación feliz de una historia real desarrollada sobre ruedas en… cualquier calle de Montevideo.
(Nota del autor) Yo también quiero unirme al festejo. A ustedes que terminaron de leer esta historia…les mando un gran abrazo, gracias amigos por acompañarnos!


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