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Cuando un amigo se va

¿Por qué no parás de tomar de una vez, no te das cuenta ves que te estás matando?
¡Todos tus amigos te esquivan y tenés problemas hasta con tus hijos!
¿En qué se ha convertido tu vida, por qué nos sos como los demás que toman solamente un par de vasos de vino y se terminó el asunto?
El borracho sacudió la cabeza:
¡Juro que esta va a ser la última vez!

No puede más, imposible seguir así, él sabe bien lo que le acaban de decir por milésima vez. Lo tiene metido a fuego, las pocas neuronas que le quedan hacen esfuerzo por tratar de encontrar una solución sin lograrlo.
¡No es tan fácil como la gente cree!
Años atrás se suponía erróneamente que era un vicio. El alcoholismo es una enfermedad crónica que no tiene cura, solo se puede detener; esa es la triste y cruel realidad. Mi amigo sabía que cada veinticuatro horas transcurridas se acortaba su vida perdiendo algo más, su mente se cerraba cada vez más temprano.
El efecto del alcohol era intenso aún ingiriendo poca cantidad del maldito líquido. Su ser ya no soportaba y un solo vaso del odiado y querido vino era suficiente para destruirlo. Calor humano no recibía de nadie, su familia estaba lejos. Sus hijos habían tratado de ayudarlo infinidad de veces, nosotros también. Pero al final cansados optaban solamente por darle un poco de aliento y ánimo.
Queríamos hacerlo razonar cuando estaba sobrio. Hablarle no tenía sentido si estaba tomado, a todo lo que tratabas de explicarle te respondía sin ningún fundamento.

Sabíamos que él quería parar de beber más que nadie. Le habíamos llevado infinidad de veces a Alcohólicos Anónimos. Esperábamos afuera de las reuniones con la esperanza de que su corazón se hubiera abierto y no llevara nunca más una copa a sus labios. Lo veíamos salir renovado, fuerte…, pero toda mejoría era momentánea.
Nos conocíamos desde niños, enlazados en la amistad. Siempre se había dado para que en la vida siguiéramos en grupo, jugábamos al fútbol en las divisiones inferiores del Ferrocarrilero. Después de grandes, trabajábamos juntos. Los sábados al medio día nos reuníamos después del trabajo en el Bar Los Patos. Compartíamos cuentos, risas, anécdotas, salidas a los bailes, altibajos con los noviazgos… éramos eslabones de una misma cadena.
Desde niño resaltaba por ser el más pintón, el que conquistaba corazones, el que vestía mejor. Sus padres lo adoraban, era el menor de tres hermanos y el mimoso de los viejos, criado con mucho amor y cariño. Al fútbol jugaba bien, había incursionado en primera división defendiendo los colores del equipo azul y blanco de Empalme Olmos, también militó en Progreso un equipo de la cercana ciudad de Atlántida donde había conocido a la mujer de su vida. Con ella tuvo tres hijos. Fueron felices hasta que el ordinario y asesino liquidó se apoderó de él, comenzó el decline y también las angustias. El desespero comenzó a rondar el hogar de su familia, hasta que llegó el final un millón de veces anunciado.

Regresó al pueblo que lo vio nacer, anduvo revoloteando de un lado a otro, tuvo otros noviazgos, pero no le fue posible seguir adelante con ninguno de ellos. Sus pocos proyectos quedaron en el abandono, se fue denigrando cada vez más. Después de que le pasaran tantas cosas en su vida y al mirar hacia atrás, vio que su camino solo había sido pérdida, desolación y abandono.
No le quedó otro remedio que hacerse más amigo del único que él creía que lo quería y no le fallaría. Pensó que nunca lo defraudaría, que nunca le iba a reprochar, que lo amaba sobre todas las cosas. Él nunca se dio cuenta de que era el alcohol, el traicionero que le iba a clavar el cuchillo en su espalda.
Un día le dijo a un amigo en común:
¡Enano, sabes que a ustedes los quiero como mis hermanos!
Se atragantó de sentimiento, y terminó la frase ahogado en sus propias lágrimas.
-Decile al Buby que cuando venga en octubre me traiga un par de championes que ando medio tirado.
Trataba de ir a lo de Beto cuando no estaba tomado, para evitar los rezongos. Al marcharse, el bar era siempre el destino, su sed no se aplacaría jamás.
La enfermedad cobraba cada vez más fuerza.
Era tan grande nuestra ignorancia acerca del alcoholismo que no podíamos entender sus actitudes. ¿Cómo podía haber ocurrido ese cambio, en una de las personas más queridas, buenas y simpáticas que hayamos conocido en la vida?

Él se daba cuenta lo bajo que había caído, lo corrían de todos lados, su suerte ya estaba decidida.
Llegó a tal punto que no tenía donde dormir y lo hacia abajo de un árbol, había llegado al peor estado de cualquier ser humano. Un fatídico día de noviembre, la máquina de la compañía ferroviaria venía desde Villa Olmos hacia el este, su velocidad era bastante considerable. El hombre estaba agazapado entre unos matorrales, cerca de las vías.
Salió de improviso, el conductor no pudo detener el vehículo. Solo vio a través del parabrisas, la sombra de un individuo que se zambulló delante de sus ruedas.
Nuestro amigo querido se fue para siempre. Acabó con su vida de la manera menos esperada por todos.
Donde quieras que estés querido amigo, quiero decirte que te llevo siempre profundamente en mi corazón.
Había terminado con su sufrimiento, el asesino había ganado una batalla más.
En la barranca, entre los pastos del caminito que llevaba a la vía un par de championes blancos, rezaban en silencio por su alma.

En la Actualidad, Buby Aguirre

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