Reflexiones

Como un Tatuaje

Cuando apenas tenía 6 años de edad, me vi envuelta en un accidente mientras jugaba en un parque muy cerca de mi casa. Mi cuerpo voló por el aire y aterricé de cabeza contra el suelo; mi cara continuó arrastrándose unos cuantos metros sobre el pavimento. El resultado final…. 60 puntos en mi cabeza, 3 días en coma, un hoyo situado entre mi párpado derecho y mi frente, y mi cabeza y mi cara envueltas en vendas que me hacían lucir como una verdadera momia.

Después de varios meses de tratamiento, las enfermeras intentaban cerrar el hoyo encima de mi ojo derecho; éste, cediendo a alguno de los tantos métodos utilizados, por fin un día cerró, dejando una gran cicatriz que cruzaba justo en medio de mi ceja derecha, borrándola casi por completo de mi infantil carita.

Fueron muchos años en los que tuve que darle la cara a la vida con tan solo el 30% de mi ceja derecha. Me veía muy extraña. Qué golpe para mi vanidad! Sobre todo durante los años de mi adolescencia. Recuerdo que empecé a pintarme el pedazo de ceja que me faltaba con un lápiz de cejas de mi madre, para después dejarla plasmada en alguna mejilla, o en la camisa de algún familiar o conocido que  se acercaba a saludarme o a despedirse. Hasta que de pronto, un grandioso día, surgió la maravillosa idea del tatuaje de cejas. Y es así como, desde hace alrededor de 20 años, vengo dándole la cara a la vida con ambas cejas completas. Tatuadas, es verdad, pero completas!

Para que el tatuaje de mis cejas se mantenga, debo hacer un retoque cada determinado tiempo, y ese tiempo ha llegado para mi. Hace dos semanas tuve la fortuna de recibir la visita de una gran amiga, quien es además experta en cejas y cuidados de la piel, así que aprovechando su visita me hizo un nuevo diseño de cejas del cual quedé muy satisfecha y feliz.

Mientras estaba recostada en la camilla y mi amiga trabajaba con dedicación en mis cejas, me di cuenta de que para que el pigmento se quede fijado en la piel, el procedimiento debe repasarse una y otra vez.

Y a partir de ese momento tuve una conversación conmigo misma, que deseo compartir con ustedes. “Así que los tatuajes, me dije, son como nuestros pensamientos.”

Y entonces comparé la máquina de tatuar con nuestra mente y la tinta de color con nuestros pensamientos, las agujas representan la precisión y la repetición. Y entonces me pregunté…Cuántas veces por segundo nos repetimos una y otra vez pensamientos que por lo general no tienen nada de positivo, hasta que por fin se graban como tatuajes en nuestro cuerpo, o se manifiestan en forma de síntomas, o en forma de situaciones que no deseamos experimentar? Y después nos preguntamos: “por qué a mi?”

Se ha  comprobado científicamente que nuestros pensamientos crean la realidad que experimentamos cada instante de nuestra vida. Por lo tanto, es el momento de empezar a tomar conciencia sobre las cosas que nos estamos diciendo a nosotros mismos en cada momento del día, y de empezar a cambiar conscientemente esos pensamientos sobre situaciones que no queremos experimentar, por pensamientos de todo aquello que sí queremos y que nos llena de paz y alegría. Entonces seremos testigos de una maravillosa transformación en nuestra vida.

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida, y Tú lo llamarás destino”. Carl Gustav Jung


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