Reflexiones

Cerrando Ciclos

Hace tiempo no soñaba con mi madre, quien partió de este plano una mañana de agosto de 1986, cuando apenas había cumplido sus 51 años de edad. Anoche volví a soñar con ella, la vi en su lecho de muerte. Ella, que tanto miedo tenía de morir. Estaba nerviosa, acostada de medio lado sobre su lado izquierdo, envuelta en sus cobijas de color gris; ella y yo, solas en el cuarto. Ambas sabíamos que se acercaba el momento. Mi madre lloraba y secaba sus lágrimas con un pañuelo. Finalmente, con una mirada entre el miedo y la resignación, me dejó saber que había llegado la hora.

Yo salí del cuarto para avisarle a mi padre y a mis hermanos que nuestra madre deseaba verlos. Era una casa grande, sabía que era de día, pero la casa adentro estaba oscura ya que las ventanas permanecían cerradas.

Nosotros somos una familia de 12 hijos, sé que la mayoría estábamos en el sueño. Algunos no estaban en casa, pero llegaron en el momento en el que yo les informaba que nuestra madre deseaba despedirse de todos. A la mañana siguiente desperté sola en mi cuarto, sabiendo que mi madre había partido, me pregunté de nuevo a dónde habría ido, si ya no tendría miedo y si estaría bien.

La sensación que recorría mi cuerpo era muy extraña, como si parte de mi se hubiera ido con ella, mientras que mi otra parte intentaba comprender lo que estaba sucediendo. Recordé que pocos días antes de su partida, mi madre, se despidió de mí en un sueño que parecía muy real.

En el sueño ella me pedía que le dijera a mis hermanos que fueran a verla porque ella ya no regresaría a casa. Yo no estuve presente en el momento de su partida. No es fácil, emocionalmente ver partir a una madre. Mi madre y yo éramos muy cercanas, su muerte me dejó sumida en una gran depresión.

Los recuerdos y las sensaciones que se desencadenaron a partir del sueño, me dejaron ver muy claro que aún no había superado su muerte y que a pesar del tiempo transcurrido desde su último adiós la herida continuaba abierta. Así que decidida a no posponer más su partida y a cerrar este ciclo de mi vida, haciéndole frente al dolor, tomé papel y lápiz y con una cajita de pañuelos a mano, escribí con todo mi amor una carta de adiós para mi madre; en ella, le decía que yo estaba bien, que respetaba su decisión de partir, que yo era una adulta y que ahora podía vivir sin ella, que había superado su partida, y que la amaba intensamente.

Psicoanalistas y otros profesionales buscan constantemente el mensaje de los sueños para interpretar el contexto real de la persona que los sueña. Este sueño me ha invitado a pensar que debemos aprender a leer las señales que nos indican que es hora de soltar, de dejar ir y de cerrar ciclos. De de esta manera liberamos nuestras cargas y abrimos espacio para la llegada de experiencias nuevas. La vida encontrará siempre el camino para devolvernos a la ruta, sin olvidar premiarnos por nuestra valentía.

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