Viajes

Circuito altiplano boliviano – Desierto de Atacama – Chaco

Segundo tramo II: Pisiga – Iquique

A pesar que el camino era de tierra, muy pedregoso con imponentes abismos, yo iba muy feliz detrás de este camión que me sacaría de ese lugar para llegar a mi próximo sub-destino.
Así alcanzamos a andar unos cincuenta kilómetros, hasta que mi carro empezó a “quejarse”, y por la falta de oxigeno, el motor funcionaba con mucha dificultad, a pesar de lo cual, yo hacía lo imposible por mantenerme detrás de mi “camión salvador”, y mas, que a esas alturas la soledad de la montaña y la noche que empezaba a abrazarnos, era imponente.
A pesar de todos los esfuerzos que hacía por mantener mi carro funcionando, llego el minuto en el que resultó imposible y el motor definitivamente se detuvo.
El camión también lo hizo para saber qué pasaba con su “escolta”, así es que le expliqué la situación y el chofer me dijo que, lamentablemente, él iba a tener que seguir, porque no me podía esperar, puesto que su carga tenía que llegar al puerto dentro de un horario establecido desde antes.
Todo esto me dejó con el ánimo por el suelo, y aparte de todo, solo en medio de la montaña y del silencio a más o menos 5.000 msnm. La verdad es que la situación era bastante “compleja”, peligrosa y angustiante.
A lo único que atiné, fue intentar reparar la falla que impedía que mi carro funcionara. Para eso, yo portaba una lámpara de fabricación casera con un foco de 25 watts, pero que era suficiente para alumbrar el motor del carro enchufada al encendedor. No tenía dudas cual era el problema, pero llegó un momento en que tenía mis dedos tan congelados (el frio ya se había apoderado de la montaña), que no podía maniobrar ni moverlos, por lo que no pude seguir intentando esta reparación.

 

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