Viajes

Aceptó que fuera a almorzar a la heladería

Como mi insistencia era grande, ella aceptó que fuera a almorzar a la heladería y esto, de alguna manera, me daba la oportunidad de estar más cerca con la ilusión que cambiara, pero nada sucedía, así es que de repente se me ocurrió proponerle a un par de amigos paraguayos ir de paseo a Chile en mi carro, lo que ellos aceptaron gustosos, así es que en ese mismo instante empezaron los preparativos con lo que, de alguna manera, conseguía sacudirme de ese estado en el que me habían sumergido las circunstancias.
Para hacerlo más largo, interesante y atractivo, cuando llegó el día de la partida, nos fuimos recorriendo por Argentina para entrar en Brasil, luego Uruguay por Bella Unión regresando a Argentina por el paso de Salto y continuar nuestro camino a Chile brincando la Cordillera de Los Andes.
Afortunadamente, fue un viaje muy entretenido, tranquilo y divertido, con lo que uno de mis objetivos más grandes como era el sacudirme de esta “modorra emocional” estaba cumplido.
Los días en Chile por supuesto, fueron muy entretenidos, jugando con mis hijos, disfrutando a mi familia, recorriendo y mostrándoles lugares a mis amigos, inmortalizando muchos de estos momentos en videos que hasta el día de hoy conservo.
Después de unos quince días en Chile, llegó el momento de pensar en el regreso a Paraguay, lo que por todo lo que estaba pasando, no me animaba mucho, pero tenía una responsabilidad muy importante esperándome y también, la de regresar a mis amigos al lugar de donde los había sacado.
Con ese ánimo en el interior de mis emociones que trataba de no exteriorizar, empezó el regreso y gracias a la presencia de mis amigos, esto era entretenido y divertido, porque ellos son muy especiales. No obstante eso, mi marca no pasaba de los 60 a 70 kms/hora, y me imagino que habrá sido porque mis sentimientos pensaban por si solos en lo delicada que era la incertidumbre de lo que vendría más adelante.
Así transcurría el viaje de regreso, hasta que en la ruta me acordé que en ese momento, el lugar que seguía en el camino, tenía un nombre muy sugerente: Reconquista.
Esto me hizo pensar en algo bien particular, porque yo sabía que en ese lugar y en el mismo punto yo podía recargar combustible, comer y ……. hablar por teléfono. Esto último era para mí lo más importante, porque era como una ventanita a la ilusión que tenía de que las cosas volvieran a la normalidad o lo más cercana a ella que fuera posible.
Fue así que al llegar a ese lugar, lo primero que hice, fue bajarme a cargar combustible mientras mis amigos entraban a la parte del restaurante para ordenar algo de comer.
Después de lo que yo estaba haciendo, apreté mis dientes y entré a preguntar por el valor de un llamado telefónico a Paraguay, y por suerte, me resultaba accesible, así es que pedí una comunicación donde sabía que la podría encontrar a ella.
Cuando conseguí la comunicación, era evidente que estaba muy sorprendida por mi llamado y en respuesta a cuando le dije lo mucho que la extrañaba, me dijo que ella me estaba esperando.

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